En su libro I’m Not Dead…Yet, Benson relató con honestidad cómo cada procedimiento médico se convirtió en una lección sobre resiliencia, disciplina y gratitud. Mientras muchos colegas se dejaban arrastrar por el ritmo vertiginoso del espectáculo, él optó por un camino más equilibrado, enfocado en el bienestar personal y en la exploración de nuevas facetas artísticas.
Con el paso de los años, su carrera tomó rumbos diferentes. Se alejó gradualmente de los reflectores más intensos y encontró una oportunidad en el doblaje. Su voz quedó inmortalizada al interpretar a la Bestia en la versión animada de Beauty and the Beast de Disney, un trabajo que le permitió continuar vinculado al entretenimiento sin las exigencias físicas de los rodajes tradicionales.

