En el mundo hiperconectado de hoy, nuestros teléfonos inteligentes se han convertido en una extensión de nosotros mismos. Los usamos para comunicarnos, trabajar, navegar, comprar, aprender y entretenernos. Para muchas personas, el teléfono es lo último que miran antes de dormirse y lo primero que toman al despertar.
Tener el teléfono al alcance de la mano por la noche parece inofensivo. Al fin y al cabo, es práctico usarlo como despertador, revisar mensajes o navegar por las redes sociales antes de acostarse. Sin embargo, cada vez hay más evidencia que sugiere que dormir con el teléfono cerca puede tener diversas consecuencias que afectan la calidad del sueño, el bienestar mental, la productividad y la salud en general.
Si bien los teléfonos inteligentes ofrecen innumerables beneficios, también pueden crear hábitos que interfieren con una de las funciones biológicas más importantes: el sueño.