Pagué el vestido, el peinado, el maquillaje… todo. Cuando llegó a casa vestida de azul claro, le temblaban las manos. Pensé que estaba nerviosa.
Entonces Jeremiah bajó las escaleras con su esmoquin.
Por un instante, vi algo en su rostro que no entendí.
No era felicidad.
No era sorpresa.
Satisfacción.
Pero lo ignoré.
Porque las madres son muy buenas ignorando lo que no están preparadas para ver.
PARTE 2: La verdad en el pasillo
Después de que se fueron, me quedé en casa mirando las fotos que había tomado.
La sonrisa de Ella parecía forzada. Su cuerpo se inclinaba alejándose de Jeremiah. En una foto, casi parecía asustada.
Me dije a mí misma que era tímida.
Entonces vibró mi teléfono.
Era la Sra. Patterson, la profesora de inglés avanzado de Jeremiah.
Su mensaje era breve y urgente.
«Sra. Carter, ¿es este su hijo?»