Minutos después, un empleado del restaurante se le acercó con una advertencia que cambiaría el rumbo de la noche. Con evidente nerviosismo, el joven le susurró: “Señora… su nuera vertió algo en su copa. Un polvo blanco. Lo mezcló. Por favor, no se la tome”.
Lejos de reaccionar de forma impulsiva, Isabel decidió mantener la calma y regresar a la mesa. Allí, según su versión, actuó con rapidez y discreción, intercambiando su copa con la de su consuegro en medio de un movimiento aparentemente accidental. Luego, alzó su vaso y pronunció una frase que marcaría el inicio de un desenlace inesperado: “Brindemos por la familia… y porque cada quien reciba exactamente lo que se merece esta noche”.
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