Vivian nunca había estado embarazada.
Ni ecografías.
Ni aborto espontáneo.
Nada de nada.
Solo unos hematomas que se hizo al caerse, borracha, a la salida de un hotel.
—¿Por qué me ayudas? —le pregunté con cautela.
—Porque tu marido le pagó a mi supervisor para que alterara los archivos —respondió Mara—. Y luego me echó la culpa a mí cuando la gente empezó a hacer preguntas.
Así que esperé.
Recopilé pruebas.
Protegí a los testigos.
Y, poco a poco, fui construyendo el caso que acabaría destruyéndolos.
Entonces, apareció el vídeo.
La cámara de un vehículo, situada a la entrada del aparcamiento de un hotel, captó a Vivian tambaleándose de borracha mientras hablaba por teléfono.
—Le echaré la culpa a Elena —dijo ella, riendo. «Marcus me prometió la mitad de la empresa en cuanto ella ya no estuviera».
Esa grabación se convirtió en todo.
Mientras tanto, Marcus se volvió descuidado.