No respondió de inmediato.
Volvió a acercar la imagen.
El latido seguía ahí.
Pero había algo más.
Algo que hizo que la doctora se detuviera y se pusiera seria.
—¿Qué pasa? —pregunté, intentando incorporarme—. ¿Está bien mi bebé?
La doctora bajó la voz.
—Su bebé está bien. Pero necesito que escuche con calma.
En ese momento, la puerta se abrió sin permiso.
Entró Diego, con Paola justo detrás.
—Perfecto —dijo—. Ahora la doctora por fin me puede decir de cuántos meses está el bebé de este otro hombre.
La doctora Salinas se giró lentamente hacia él.
Miró a Paola.
Luego volvió a mirar la pantalla.
Y entonces dijo:
—Señor Diego, antes de que vuelva a acusar a su esposa… tiene que ver lo que hay en esta pantalla.