Vivir con diabetes, prediabetes o con dificultad para controlar la glucosa no significa renunciar a la fruta. De hecho, la fruta puede y debe formar parte de una alimentación saludable, siempre que se elijan las opciones correctas y se respeten las porciones adecuadas.
El verdadero problema no es la fruta en sí, sino desconocer cómo impacta en la glucosa. Para entender esto, es fundamental manejar dos conceptos clave:
Los dos indicadores que marcan la diferencia
Índice glucémico (IG)
Indica la velocidad con la que el azúcar de un alimento pasa a la sangre.
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IG bajo (menos de 55): aumento lento y controlado de la glucosa.
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IG alto (más de 70): aumento rápido y brusco.
Carga glucémica (CG)
Mide cuánta azúcar real entra al cuerpo en una porción normal.
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CG baja (menos de 10): segura.
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CG alta (más de 20): riesgo elevado.
La regla de oro es clara: priorizar frutas con IG bajo y CG baja, evaluadas en porciones estándar de 120 gramos.