Fingí salir a caminar como todos los días. Nadie sabía que esa mañana no entré al parque… sino que caminé directo al banco, donde mi yerno estaba declarando frente a todos que yo había perdido la razón.

A veces, por la noche, recuerdo los años que pasé limpiando casas que no son mías.
Recuerdo haber visto fotos de familias en las paredes de una madre sonriente, una hija que la sostenía, un marido con la mano sobre el hombro.
Pensé que era seguridad.
Ahora sé que la seguridad no es una foto.
Seguridad para tener una palabra.
Para tener razón.
Conocer a los que te rodean que no significa no, aunque salga de la boca de una mujer de setenta años.
Aprendí algo que muchas mujeres descubren tarde.
El silencio no protege a nadie.
Y quien apuesta en ello se olvida en detalle. Intrínsecamente
Mujeres que han trabajado toda su vida.
No olvida lo que es de ellos.
Y no dejan que nadie se lo lleve

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