¿Qué aprendemos de esta historia?
Desde entonces, nuestra historia se volvió una especie de leyenda local. Ya nadie habla mal de nosotros; en cambio, la cuentan como recordatorio de que el amor no se preocupa por el origen de las personas, sino por a dónde pertenecen sus corazones.
Y cada invierno, cuando veo la nieve caer frente a nuestra ventana, agradezco en silencio al destino por haberme conducido hasta Isabel aquel día.