Mientras tanto, Jason no dejaba de mirar nerviosamente entre Vanessa y yo. El silencio entre nosotros era ensordecedor, y la habitación se hacía cada vez más pequeña.
—Richard, ¿estás ahí? —La voz de Mark volvió a interrumpir.
—Sí, Mark. Te escucho. ¿Qué pasa?
—Hay una discrepancia —empezó—. Algo no cuadra en las finanzas. Hay otra persona involucrada, y necesitamos revisar los detalles de la cuenta. Debes saber esto antes de que nada salga adelante.
Sentí que se me encogía el corazón. Sin importar lo que estuviera por venir, sabía que esto ya no se trataba solo de los fondos para la boda. Era algo mucho más importante.