Mientras me probaba los zapatos de novia, oí a mi suegra decir: «¿Estás segura de que no sospecha nada? Queremos quitarle el apartamento y el dinero. ¡Luego la internaremos en un manicomio!». Me quedé sin palabras. Entonces sonreí…

En la cena, bajo una gran lámpara de araña, Patricia anunció que era hora de firmar los documentos.

Adrian deslizó la carpeta hacia mí.

Tomé el bolígrafo.

Luego lo dejé. —No.

La habitación quedó en silencio.

Patricia espetó: —Es tu ansiedad la que habla.

—¿Mi ansiedad? —repetí.

Coloqué un pequeño altavoz sobre la mesa y le di al botón de reproducir.

Su voz llenó la habitación:

—Le quitaremos su apartamento y su dinero… y luego la enviaremos lejos.

Se oyeron jadeos.

Adrián intentó negarlo, pero su propia voz lo siguió.

—Firmará. Confía en mí.

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