MIS PADRES LLEGARON DESDE PUEBLA CON VERDURAS RECIÉN CORTADAS Y UN POLLO DE RANCHO… PERO MI SUEGRA DIJO QUE TODO OLÍA MAL, QUE VENÍAN SUCIOS Y NO LOS DEJÓ ENTRAR A LA CASA. YO NO DIJE NADA EN ESE MOMENTO… PERO EN SILENCIO HICE ALGO QUE LE SACUDIÓ EL MUNDO. Me casé y me fui lejos de mi gente. Ahora vivo en un fraccionamiento de clase media al sur de la Ciudad de México, a varias horas de la pequeña comunidad en Puebla donde crecí.
Se me partió el alma.
Y entonces Paulina, todavía con la sonrisa puesta, dijo lo suficientemente fuerte para que la escucháramos:
—Ay, por favor, deja de hacerte la víctima, qué niña tan fea.
No recuerdo haber respirado después de eso. Solo vi a Emiliano ponerse rígido a mi lado. No lloró. No gritó. Solo clavó los ojos en la mesa principal con una furia tan helada que me dio miedo.
Guardé la tarjeta en mi bolso, abracé a Renata y dije:
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