la comodidad,
el ahorro de agua o
la simple eficiencia.
Su mentalidad suele ser:
“Si nadie sale lastimado y ahorra tiempo, ¿qué importa?”
Quienes lo rechazan rotundamente suelen valorar:
los límites,
los rituales de limpieza,
la estructura y
la separación entre espacios “limpios” e “impuros”.
Para ellos, la ducha representa psicológicamente la higiene, por lo que mezclar las funciones del baño les resulta incorrecto, independientemente de los argumentos científicos.
Luego está el tercer grupo:
Quienes lo hacen en secreto… pero jamás lo admitirían en público.
Los expertos afirman que esto suele reflejar la conformidad social: les preocupa más la vergüenza y el juicio social que el hábito en sí.
Irónicamente, el debate sobre orinar en la ducha a veces revela más sobre la personalidad que el comportamiento en sí.
2. Cantar en la ducha
Si disfrutas cantando en la ducha, puede que tengas o no un talento musical increíble, pero, sinceramente, ese no es el punto. Eres alguien a quien le encanta divertirse y no le importa convertir un momento ordinario en su propio concierto privado.