Una mujer.
Joven.
Sonrió…
y lo abrazó.
Como si fueran familia.
Mi mundo se detuvo.
La verdad
Me acerqué.
Cada paso pesaba como si caminara en agua.
Toqué la puerta.
Él abrió.
Y cuando nuestros ojos se encontraron…
su rostro cambió.
No era sorpresa.
Era miedo.
—¿Tú…? —susurró.
Sentí que mi voz salía desde muy lejos:
—Te enterré.
Silencio.
La mujer detrás de él nos miraba confundida.