El juez levantó otra página. —Entonces, tal vez —dijo— pueda explicar por qué estos documentos contradicen su declaración jurada.
Lana se removió nerviosa. Marilyn se agarró las perlas como si se preparara para un terremoto.
El juez continuó: —Parece que usted creó una empresa fantasma —Harborfield Solutions— dieciocho meses antes de presentar la demanda.
Daniel se puso rígido.
—Y parece —añadió— que usted desvió aproximadamente 740.000 dólares a cuentas vinculadas a la Sra. Wells.
Lana respiró hondo.
El juez mostró correos electrónicos impresos. —Y estos mensajes suyos, en los que le ordena a su contable que borre cualquier referencia a esa empresa, son bastante… explícitos.
Daniel me miró como si nunca me hubiera visto antes.
El juez se dirigió a mí. —Sra. Carter, Grace, ¿puedo preguntarle de dónde obtuvo este material?
Hablé por primera vez. —Del antiguo contable de Daniel. Daniel dejó de pagarle durante meses. Cuando se enteró del divorcio, me contactó. Dijo que ya no quería protegerlo.
El juez asintió, impresionado. —Presentarlo así fue muy acertado.
Lana susurró con dureza: —Dan, usted dijo que nunca encontrarían nada.
—Sra. Wells —interrumpió el juez—, guarde silencio.