Sus ojos recorrieron mi rostro. —¿Estás lista?
—¿Para tu sorpresa?
Un leve brillo cruzó su expresión.
—Sí.
—La he estado esperando con ansias.
Me besó la frente.
Para cualquiera que lo viera, parecía un beso tierno.
Para mí, fue como prepararse para un sacrificio.
Entonces entró Sophia.
La sala no se detuvo, pero la atención de Ethan sí.
Solo por un instante.
Una fracción de segundo.
Basta.
Llevaba un vestido color marfil.
Por supuesto.
Un vestido columna color marfil bajo una suave estola color champán, su cabello oscuro recogido sobre un hombro, pendientes de zafiro brillando en sus orejas.
Zafiros.
Apreté con fuerza mi bolso de mano.
Sophia notó mi mirada y sonrió.
No con nerviosismo.
No con culpa.
Con victoria.
Cruzó la sala con una copa de champán en la mano.
«Madison», dijo. «Qué noche tan espectacular. Nadie tiene tanta elegancia como tú».
«Gracias, Sophia. Me alegra que hayas podido acompañarnos».
«No me lo habría perdido por nada del mundo». Su mirada se dirigió hacia Ethan. Suavizada. «Esta noche es importante». —Sí —dijo Ethan.
Los observé de pie bajo mi iluminación, enmarcados por mis flores, dentro de mi diseño, y me di cuenta de que habían confundido el escenario con su propio escenario.
Pasó un camarero.
Tomé una copa de champán.
Sophia miró mi vestido. —El azul marino te sienta muy bien.
—Qué amable.
—Ethan mencionó que podrías usarlo.
—Lo sé. Me lo pidió.