“No digas ni una palabra más.”
Los paramédicos llegaron minutos después.
En el hospital, el médico me dijo que Maggie tenía una cantidad peligrosa de benzodiazepinas en su organismo.
Pero Maggie no tenía receta para ellas.
Los niveles sugerían que le habían administrado dosis altas durante varios días. Sumado a una nutrición deficiente, su cuerpo estaba empezando a fallar.
«Si hubiera vivido un día más», dijo el médico, «esta conversación sería muy diferente».
Maggie fue ingresada en la UCI.
Esa noche, se despertó lo suficiente como para contarme lo del té.
Todas las noches, Brittany le preparaba té de manzanilla antes de acostarse.
Parte 2
Después de la segunda noche, Maggie se sintió débil y confusa. Intentó decirle a Kevin que algo andaba mal. Él solo le dio una palmadita en la mano y le dijo que durmiera.
Su teléfono se había caído y estaba fuera de su alcance.
No podía llamarme.
A la mañana siguiente, la sargento Patricia Ware de la Oficina del Sheriff del Condado de Knox vino a tomarme declaración.
Le conté todo: las extrañas preguntas de Kevin sobre nuestra pensión, la cuenta de Earl, los síntomas de Maggie y el té de cada noche.
Kevin y Brittany vinieron al hospital esa tarde.
Se mostraron preocupados.
Demasiado preocupados.
Cuando mencioné los sedantes, Brittany sugirió rápidamente que Maggie podría haber tomado algo accidentalmente del botiquín.
Entonces mencioné el té.
Por un instante, algo brilló en sus ojos.
Esa noche, llamé a un viejo amigo del FBI, Ray Dalton, ahora investigador privado especializado en registros financieros.
Dos días después, me devolvió la llamada.