Lydia leyó la página una vez.
Y otra vez.
Una sonrisa lenta y maliciosa apareció en su rostro.
—Señor Whitmore —dijo—, ¿le pagó a su amante para que provocara un colapso público en su esposa?
Conrad se abalanzó sobre Marissa. —¡Estúpida…!
Los de seguridad intervinieron antes de que pudiera terminar.
Esta vez, dos guardias lo sujetaron.
Marissa rompió a llorar, pero no de forma elegante. No como una estrella de cine. Lloraba como una mujer que por fin comprendía que la habían llevado a un campo de batalla vestida de adorno.
—Dijo que era inestable —susurró Marissa—. Dijo que si armaba un escándalo, podría demostrar que no era apta para dirigir la institución. Dijo que todos le creerían porque era fría y extraña, y que a nadie le caía bien.
Por primera vez esa noche, Evelyn sintió un dolor real.
No porque Conrad la hubiera traicionado. Esa herida hacía tiempo que había cicatrizado.
Porque, de repente, comprendió el plan completo.
No solo quería humillarla.
Quería borrarla.
El beso había sido un arma. Marissa había sido un cebo. Evelyn debía derrumbarse frente a la cámara, gritar, abofetearlo, desmoronarse y convertirse en la imagen que él había construido durante años a su alrededor: esposa frágil, mujer emocional, heredera inestable, fideicomisaria inepta.
En cambio, irrumpió como el invierno.
Conrad miró fijamente a Evelyn, respirando con dificultad.
Por primera vez, ella vio en él un miedo que no tenía nada que ver con la pérdida de dinero.
Tenía miedo porque ella finalmente conocía toda la verdad.
Evelyn se volvió hacia Lydia. —Añade el intento de interferencia fiduciaria a la demanda.
—Con mucho gusto —dijo Lydia.
Entonces Evelyn miró a Marissa.
—¿Tienes algún lugar seguro adonde ir esta noche?
Marissa parpadeó, atónita.
Conrad soltó una risa amarga. —¿La estás ayudando ahora?
La mirada de Evelyn se posó de nuevo en él.
—No —dijo—. Estoy demostrando la diferencia entre nosotros.
PARTE 5
Al amanecer, el imperio de Conrad Whitmore se desangraba por todas partes.
El beso se había convertido en un espectáculo cultural. El contrato, en una crisis legal. Los informes financieros, en un desastre bursátil. Juntos, crearon una tormenta perfecta que ningún gestor de crisis podría disimular.
A las 6:00 a. m., el departamento de comunicaciones de Whitmore Capital emitió un comunicado describiendo la situación como «un asunto familiar privado».
A las 6:07, tres importantes periódicos publicaron documentos que demostraban que el dinero de la fundación se había canalizado a través de consultores vinculados al círculo personal de Conrad.
A las 6:22, aparecieron imágenes que mostraban a Conrad agarrando la muñeca de Evelyn.
A las 6:41, la frase «Deberías haber leído el contrato antes de besarla» se convirtió en tendencia en Estados Unidos.
Evelyn no estaba viendo la cobertura desde casa.