La respuesta de Robert fue casi inaudible. —Te advertí sobre el contrato de Vale.
—Me advertiste que era un lío.
—Te advertí que era ilegal.
Esa fue la primera grieta que sonó como el comienzo de un colapso.
Conrad se volvió hacia Evelyn. —¿Crees que puedes dirigir mi empresa?
Evelyn casi sonrió. —Conrad, llevo doce años dirigiendo tu empresa. Tú solo has asistido a entrevistas.
El golpe fue más duro porque todos en la mesa sabían que era cierto.
Cada adquisición importante había pasado por la revisión privada de Evelyn. Cada éxito al salir de deudas peligrosas había sido consecuencia de una de sus discretas advertencias. Cada vez que Conrad parecía un visionario, era porque Evelyn le había dado el mapa antes de que subiera al escenario.
—Fuiste útil —dijo Conrad, con la voz temblando de rabia—. No confundas eso con ser poderosa.
Evelyn se puso de pie.
No era especialmente alta, pero la atmósfera de la sala cambió cuando se puso de pie.
—Mi madre solía decir que los hombres poderosos cometen un error fatal —dijo—. Dan por sentado que las mujeres que toman notas son secretarias.
Colocó una segunda carpeta sobre la mesa.
“Estos son poderes de voto de inversores que representan el treinta y uno por ciento de Whitmore Capital. Estas son cartas de tres accionistas institucionales que exigen una revisión urgente de la dirección. Esta es la confirmación de que los socios de Hale Trust adquirieron acciones adicionales mediante compras legales en el mercado durante el último trimestre”.
Malcolm Price palideció.
Conrad la miró fijamente. “¿Cuánto?”
Evelyn sostuvo su mirada.
“Suficiente”.
En ese preciso instante, la puerta se abrió.
Marissa estaba allí de pie, con el rímel corrido bajo un ojo, aferrada a su bolso plateado como si fuera un escudo.
Conrad estalló. “¡Fuera!”
Pero Marissa se quedó donde estaba.
“Yo también firmé algo”, dijo.
Todos en la sala se giraron.
La expresión de Conrad se endureció, advirtiéndole. —Marissa.
Su voz temblaba, pero continuó: —Me dijiste que era un acuerdo publicitario. Dijiste que después de esta noche anunciarías la separación y que yo obtendría un puesto de embajadora de la fundación.
Evelyn la observaba atentamente.
Marissa sacó varios papeles doblados de su bolso y se los entregó a Lydia.
—Me hizo firmar un acuerdo de confidencialidad esta tarde. Pero hay otra página. Me prometió un pago si aparecía con él esta noche y si Evelyn reaccionaba mal en público.
El silencio se volvió tenso.