«¿Firmó qué?».
Regresó su sonrisa. Pensó.
El dolor me había vuelto tonta.
—La casa del lago —dijo—. Poder notarial. Consentimiento médico. Todo legal.
Se me heló la sangre.
Consentimiento médico.
Desde el garaje, resonó un fuerte golpe.
Vanessa se estremeció.
Mark me agarró del brazo. —Vete.
Bajé la mirada hacia sus dedos que sujetaban mi abrigo.
—Quítame la mano.
Se rió. —¿O qué?
Luces rojas y azules iluminaron su rostro antes de que respondiera.
La voz del detective Ruiz resonó entre la lluvia.
—O explicas por qué el garaje está cerrado.