—Esa es la camarera…
—La de Le Ciel…
Caminaba erguida. Con la cabeza bien alta.
En la sala de conferencias estaban sentados Laurent, Isabelle y altos ejecutivos.
—No te contratamos por lástima —dijo Isabelle.
—Lo sé —respondió Mia.
—Te contratamos —añadió Laurent— porque demostraste algo que ningún MBA puede enseñar.
—¿Qué? —preguntó Mia.
—Valentía con disciplina —dijo Isabelle—. Autorespeto, incluso cuando cuesta.
—Empezarás desde abajo —advirtió Laurent.
Mia sonrió—. Estoy acostumbrada.
Las semanas fueron brutales.
Contabilidad. Recursos Humanos. Operaciones. Informes imposibles de terminar. Silencio. Miradas frías.
Sobre todo de Victor Hale, un antiguo aliado de Gozon.
—No perteneces aquí —se burló. “¿Una escena dramática y te crees especial?”
Mia sostuvo su mirada.
¿Y tú? ¿Qué te enseñaron?
Víctor no dijo nada.
Más tarde, desaparecieron fondos.