Aquel silencio le dolió más que cualquier jadeo.
Finalmente, se quitó las gafas. —¿Hasta dónde estás dispuesta a llegar?
A Clara se le secó la boca. —¿Qué significa eso?
“Significa que si actuamos, lo haremos correctamente. Te protegemos. Protegemos al niño. Protegemos tu herencia. Notificamos a la junta antes de que Richard pueda manipular la historia. Congelamos las cuentas. Conservamos los registros. Nos preparamos para que mienta.”
Clara bajó la mirada hacia sus manos. Le temblaban.
“No quiero venganza”, dijo.
“Bien”, respondió Evelyn. “La venganza vuelve a la gente descuidada. Quieres protección. La protección es más limpia.”
Por primera vez en meses, Clara respiró hondo.
Evelyn elaboró el plan por etapas.
Primero, los contadores forenses.
Luego, la notificación a la junta.
Después, una demanda de divorcio con límites de emergencia en las finanzas.
Después, una investigación discreta sobre el mal uso de los fondos de la fundación.
“No lo confrontes a solas”, dijo Evelyn. “No lo adviertas. No lo amenaces. Hombres como Richard interpretan las advertencias como una negociación.”
Clara asintió.
Pero esa noche, Richard regresó a casa temprano.
Estaba sentada a la mesa con una taza de té que no había tocado. Los documentos ya no estaban en el apartamento; el equipo de Evelyn los había recogido esa tarde. Aun así, Clara sentía su presencia en la habitación como un latido más.
Richard entró oliendo a lluvia y al perfume de Sabrina.
Se aflojó la corbata como si el ático fuera suyo. —¿Por qué estás sentada a oscuras?