Epílogo
Los papeles del divorcio nunca llegaron a firmarse.
Los guardé dentro de una carpeta azul.
En la portada escribí una frase sencilla:
“Cosas que sobreviví.”
Aquella noche encendí la luz del porche.
No para Ricardo.
No para mis hijos.
No para nadie más.
La encendí para mí.
Porque entendí que la verdadera fortaleza no consiste en evitar las tormentas.
Consiste en descubrir que eres capaz de sobrevivirlas.