Preguntas cada vez más extrañas
Durante las semanas siguientes, Valeria hizo comentarios similares.
Preguntó por los seguros.
Por las cuentas bancarias.
Por la escritura de la casa.
Por los planes de jubilación.
Siempre encontraba una excusa razonable.
Pero las preguntas comenzaron a acumularse.
Al mismo tiempo, Ricardo se mostraba cada vez más distante.
Una noche lo encontré sentado solo en el garaje.
Las luces estaban apagadas.
—¿Qué haces aquí?
—Pensando.
—¿En qué?
Tardó varios segundos en responder.
—En el futuro.
—¿Qué pasa con el futuro?
Bajó la mirada.
—A veces siento que me estoy convirtiendo en una carga para todos.
Aquellas palabras me rompieron el corazón.
—Nunca serás una carga para mí.
Él sonrió débilmente.
Pero algo seguía preocupándolo.