La verdad comienza a resquebrajarse
Los días siguientes fueron una pesadilla.
Intenté averiguar quién era la supuesta entrenadora.
Llamé al gimnasio.
Hablé con la administración.
Pedí información.
Y descubrí algo sorprendente.
No existía ninguna entrenadora llamada Tatiana.
Ni había existido nunca.
Entonces comprendí que Ricardo me había mentido.
La pregunta era por qué.
Poco después mi hija Sofía me contó algo inquietante.
—Mamá, Andrés escuchó a Valeria preguntando sobre herencias y pensiones antes de que papá pidiera el divorcio.
Todo comenzó a encajar.
Pero todavía no tenía pruebas.