La alerta del reloj
Tres semanas después recibí una notificación urgente.
Frecuencia cardíaca peligrosamente baja.
Ricardo.
Intenté llamarlo.
No respondió.
Volví a intentarlo.
Nada.
Tomé un taxi y fui directamente a su apartamento.
Cuando llegué, la puerta estaba sin seguro.
Entré corriendo.
Ricardo estaba tirado en el suelo de la cocina.
Pálido.
Semiconsciente.
Y junto a él estaba Valeria.
Tenía en las manos una carpeta llena de documentos.
La misma carpeta que intentó ocultar cuando me vio entrar.