El hombre que comenzó a alejarse
Ricardo empezó a comportarse de manera extraña.
Contestaba llamadas en el garaje.
Ocultaba la pantalla del teléfono.
Se quedaba largos ratos mirando al vacío.
A veces parecía preocupado. Otras veces parecía asustado.
Mientras tanto, nuestra nuera Valeria comenzó a visitarnos con mucha frecuencia.
Era la esposa de nuestro hijo Andrés.
Siempre había sido amable y educada, aunque existía algo en su forma de actuar que me resultaba difícil de explicar.
Una tarde llegó con una sopa baja en sodio.
—Es para Ricardo —dijo—. Andrés me contó lo que dijo el médico.
Le agradecí el gesto.
Entonces hizo una pregunta que me dejó incómoda.
—¿Han actualizado recientemente el testamento?
La miré sorprendida.
—¿Por qué preguntas eso?
—Solo creo que las familias deben estar preparadas para cualquier eventualidad.
Intentó sonreír.
Pero aquella sonrisa no llegó a sus ojos.