Y en cuanto salió, abrí mi portátil y empecé a revisarlo todo.
Escrituras.
Transferencias.
Registros fiscales.
Todo estaba a mi nombre.
Todo.
Pero entonces revisé una cuenta temporal que le había permitido usar.
Y ahí lo encontré.
Tres transferencias que nunca autoricé:
200.000 pesos.
430.000 pesos.
160.000 pesos.
Descripciones como:
“Apoyo familiar”.
“Emergencia”.
“Ayuda para Mariana”.
Me quedé paralizada.
Fue entonces cuando lo comprendí.
Adrián no actuaba impulsivamente.
Ya había empezado a aprovecharse de mí.
Y en ese mismo instante tomé una decisión:
Cuando regresara… no encontraría la casa que creía suya.
PARTE 2 (Paráfrasis)
“Quiero la casa vacía antes de las 4 de la tarde”.
Esa fue la primera llamada que hice.
No lloré.
No grité.