«Esta es la letra de mi madre», expliqué. «Exigió que le cediera los ahorros de toda mi vida para cubrir los gastos de Cook Catering y del *baby shower* de Harper. Cuando me negué, me encerraron en un cuarto de almacenamiento situado encima de la cocina».
«Dios mío», susurró alguien entre la multitud.
El sollozo de Brenda se intensificó. «Ella no está bien. Lo distorsiona todo. Siempre ha sido una dramática».
Rollins leyó el contrato…
…con el ceño fruncido. Luego miró a Richard.
—Señor, usted denunció que su hija robó en el negocio.
—Así fue —espetó Richard.
—Interesante —replicó Rollins—. Porque, según los documentos preliminares que ella ha aportado, parece ser la única propietaria registrada de dicho negocio.
Richard abrió la boca.
Pero no salió nada.
Observé cómo la seguridad se desvanecía de su rostro en tiempo real.
Rollins continuó con una voz tranquila que, de algún modo, sonaba letal: —Usted convocó a las fuerzas del orden a un aeropuerto internacional basándose en una acusación de robo que involucra a una empresa que, legalmente, parece pertenecerle a ella. También denunció un riesgo de fuga vinculado a una reclamación por robo de pasaporte que podría implicar suplantación de identidad. ¿Comprende la gravedad de esto?
Brenda dejó de llorar.
Rollins se volvió hacia los agentes de la policía aeroportuaria: —Sepárenlos.
Dos agentes se dirigieron de inmediato hacia mis padres.
Richard hizo un último intento: —Esto es un asunto familiar.
—No —dijo Rollins con rotundidad—. Esto constituye una posible denuncia falsa, robo de identidad, extorsión, fraude corporativo y uso indebido de procedimientos federales de seguridad. Y esos no son asuntos familiares.
La palabra «federal» cambió el ambiente al instante.
A Brenda le flaquearon las rodillas. El rostro de Richard se tornó grisáceo.