Respondí cortésmente, pero brevemente.
Yo también extraño a los chicos.
Espero que papá se mejore pronto.
No puedo cuidar niños este fin de semana.
Esa última frase provocó la primera explosión.
Claire me llamó al trabajo, algo que nunca hacía a menos que necesitara algo. Salí al muelle de carga y contesté.
“Te necesito el sábado”, dijo.
“Estoy ocupada”.
“¿Con qué?”
“En mi apartamento”.
—Eso no es una respuesta.
—Sí lo es.
Se rió amargamente. —Tienes un apartamento y ahora te crees superior a todos.
—No. Creo que no estoy disponible.
—Qué suerte tienes de abandonar a tus sobrinos.
Miré al otro lado del estacionamiento, al cielo gris de invierno. —No soy su madre, Claire.