Dentro había pequeños tesoros de mi infancia y otra carta.
Mientras leía, las lágrimas corrían por su rostro.
«No eres mala», había escrito Nora.
«Tienes miedo. Hay una diferencia».
Leila se derrumbó por completo.
Durante años, había confundido su enojo con resentimiento.
Pensé que me culpaba.
En realidad, había estado sufriendo en soledad.
Finalmente, me miró.
«La extrañé muchísimo».
«Lo sé».
Su voz se quebró.
«Yo también te extrañé».
Esas cuatro palabras derribaron la barrera que nos separaba.
Rodeé la mesa y la abracé.
Por primera vez en años, ninguna de las dos se separó.
PARTE 3: El último regalo de Nora
Después de terminar de leer nuestras cartas, quedaba un paquete.
El que estaba dirigido a ambas.
Dentro había fotografías, una corona de papel doblada y un último sobre.
En la portada, Nora había escrito: