Nuestra hermana trilliza falleció cuando solo teníamos once años. En nuestro cumpleaños número 21, mamá nos entregó una caja que había dejado atrás.

Luego, cuéntense una cosa buena que les haya pasado ese año.

No las cosas tristes.

Las cosas buenas.

Quiero saber que vivieron.”

Al final de la carta había una última instrucción.

**MIREN DEBAJO DE LA CORONA DE PAPEL.**

Debajo había una pequeña cinta de casete.

Mamá jadeó.

“Lo había olvidado por completo.”

Corrimos a buscar un viejo reproductor de casetes.

En cuanto empezó la cinta, la estática llenó la habitación.

Entonces se oyó una voz que ninguno de nosotros había escuchado en diez años.

Nora.

Pequeña.

Frágil.

Viva.

“Hola, Gia. Hola, Leila. Hola, mamá.”

Leila inmediatamente me tomó de la mano.

Nora rió suavemente.

“Si esta grabación funciona, soy una genio.”

Leave a Comment